La LFP hizo sonar los tambores de guerra cuando confirmó que no habría liga el próximo 2 y 3 de abril, su enfrentamiento con el gobierno por anular el partido en abierto, no había llegado a buen puerto y querían que la batalla empezara con una medida de presión y un toque de atención para que los mandatarios se den cuenta de que van en serio.

Según los clubes, el fútbol en abierto les está debilitando ante el resto de equipos europeos. Se basan en que las mejores ligas no tienen este formato e ingresan mucho más dinero por ser el fútbol de pago. Mientras tanto la postura del ejecutivo es clara, están negociando pero no quieren tomar una decisión muy poco popular de cara a las próximas elecciones que se avecinan, podría suponer una importante perdida de votos de los aficionados al fútbol.

Los rebeldes quieren que se acabe la liga bipolar con un reparto económico equitativo, el actual está beneficiando a los dos grandes clubes de nuestro país. Es cierto que generan más audiencia que los otros componentes de la liga, pero en otros países a los “grandes” no le dan tantas facilidades y se hace un reparto más igualado por el bien del espectáculo, emoción y competitividad.

Antes de empezar una batalla o tomar la decisión de un cierre patronal, deben estar seguro que todos sus afiliados están de acuerdo con la medida tomada. Hasta seis equipos han impugnado ante un juzgado de Madrid la decisión de la asamblea, los clubes son  Sevilla, Villarreal, Ath. Bilbao, Real Sociedad, Espanyol, Real Zaragoza, iniciando una “guerra civil” en el seno de la LFP.

Ahora ante esa desunión se abre una nueva visión del problema, primero la LFP tendrá que resolver su desunión, el malestar de los pequeños y tirar todos hacia el mismo lado. Cuando eso se haya logrado deberían negociar con el gobierno por el tema del fútbol en abierto, porqué estoy seguro de que no se aprobaría hasta pasadas las próximas elecciones del mes de mayo.