Era un hecho desde principio de temporada que el campeón sería el Oporto, ha dominado desde principio a fin una liga en la que sólo han existido ellos como candidatos al título, los otros grandes siguen de capa caída y no encuentran la manera de hacer frente a los blanquiazules que si quieren hacer doblete este curso deberá remontar al Benfica, el próximo día 20 de abril en el partido de vuelta de la Taça de Portugal.

Lo que más temían los aficionados del Benfica es que se proclamara su eterno rival campeón en Da Luz, conforme iban pasando las jornadas esa posibilidad crecía en porcentaje y finalmente así ha sido. En tan sólo veinticinco minutos se marcaron todos los goles del clásico portugués, Guarín adelantaba al Oporto después de un error garrafal de Roberto. Saviola empataba con una pena máxima y finalmente Hulk hacia lo mismo para dejar sentenciada una liga que tenía nombres y apellidos desde el principio.

Lo feo llegó cuando acabó el partido, los jugadores del Oporto empezaron a celebrar la consecución del campeonato y se apagaron las luces y se encendieron los aspersores del terreno de juego para evitar la alegría de los hombres de Villas-Boas que siguieron los festejos sobre el tapete.