En los buenos momentos de un club, siempre se suben al carro todo tipo de aficionados que se dan golpes en el pecho presumiendo de que siempre ha sido fiel a sus colores. Una gente que cuando van las cosas mal y van al estadio, están deseando armarla gorda por cualquier motivo y sobretodo si es un descenso.

Todavía recuerdo a la afición tinerfeña en el descenso a Segunda, como Lussenhoff era apedreado en el interior de su coche en una acción que pudo acabar en desgracia. El caso más reciente fue la afición herculana después de la derrota ante el Racing. Múltiples aficionados se acercaron a la puerta cero a increpar a los jugadores que creían no habían dado la talla en Primera división. Entre ellos Trezeguet, el francés no se libró de la quema a pesar de sus doce goles salió escaldado en compañía de Drenthe.

Pero este fin de semana he podido observar a una afición fiel, agradecida y comprometida con su equipo. A pesar de no acudir en masa a Riazor, cuando el Deportivo la ha necesitado apareció. Últimas jornadas de infarto y el municipal coruñés lleno hasta la bandera, empujando a su equipo en una situación crítica para evitar el descenso.

No pudo evitarse el fatal desenlace, en una última jornada de infarto y múltiples ocasiones erradas, los blanquiazules caían derrotados ante el Valencia, otra vez los levantinos les condenaba en un final de liga y la afición lejos de enojarse con su club, empezó a corear y aplaudir a sus jugadores. Hundidos ante la desgracia, sacaron fuerzas de flaqueza para animar a su equipo, incluso en los últimos entrenamientos de esta semana, han recibido al equipo con aplausos y ánimos que hacen más fácil superar este mal trago.

Es muy sencillo subirse al carro cuando las cosas andan bien, ganando ligas, jugando en Europa, Copas del Rey, Supercopas de España e ir al campo de fútbol sabiendo que vas a ganar y animar cuando tu equipo hace dos o tres ocasiones consecutivas. Pero cuando ocurren casos como el del pasado fin de semana, los aficionados se hunden y no saben animar como debieran a sus hombres, llegando incluso a pasar del enojo a la violencia en corto espacio de tiempo.

Aplaudo a la afición deportivista, me han enamorado con la actitud que han ofrecido este pasado fin de semana y lo que llevamos de la presente. Espero que disfruten del premio de un ascenso, se merecen un éxito después de haber sufrido la infelicidad del descenso.