No hay nada peor que vivir del pasado, intentar ser lo que fuiste algún día y no darte cuenta de que debes mejorar para volver a ser el mejor. Esto mismo le ocurre al Atlético de Madrid año a año, ser el tercer grande de España y observar como los dos primeros está muchos escalones por encima tuyo, deprime, siendo tanta la exigencia del entorno que tensiona a los jugadores y técnicos en una espiral de malas sensaciones que les aparta una y otra vez de su objetivo que no es otro que la Liga de Campeones.

Como si de fichas de domino se tratase, han ido cayendo técnicos una y otra vez. Ya sea por malos resultados, petición del graderío o el enésimo proyecto que se inicia, los entrenadores no duran mucho en el banquillo del Vicente Calderón. Los que más duraron fueron Antic que aguantó tres temporadas la guillotina del fallecido Jesús Gil y se marchó en la temporada 97/98, volviendo en dos ocasiones más para enderezar el rumbo de la nave atlética. Luis Aragonés que subió al equipo a Primera división y la temporada siguiente no consiguió los resultados que se esperaban en el Manzanares y Javier Aguirre que devolvió a la Champions al club.

Pero el último de los entrenadores que han conseguido títulos para las vitrinas ha sido Quique Sánchez Flores, el técnico madrileño y cuando nadie lo esperaba llevó al equipo a lo más alto, siendo campeón de la UEFA Europa league y Supercopa europea. Quique tuvo que anunciar su adiós en una rueda de prensa, incapaz de meter en la máxima competición a su equipo, la imposibilidad de revalidar el título europeo y su mala relación con uno de los pesos pesados del club, ha hecho abandonar el barco a Quique.

Ese es el problema de los colchoneros, los jugadores. Han habido partidos en el que parecía ser incapaces de jugar al fútbol, irregulares, capaz de jugar los mejores partidos y de dar vergüenza a sus aficionados en el siguiente, no han dado todo lo que debían para llevar a la entidad al lugar que se merece. Desde fuera parece que sean los que decidan como un pretor romano, ejecutar al técnico o darle la vida necesaria para triunfar.

El Atlético de Madrid volverá a ser grande en el momento que se den cuenta que no pueden ponerse como meta ser el tercer equipo de España. La única meta es intentar ser mejor día a día y no ponerse objetivos mirando siempre a media distancia. Parece un tópico pero es real, partido a partido, victoria a victoria, una vez conseguido esto volveremos a disfrutar del equipo atlético.