Hoy viendo en los deportes la rueda de prensa de Iván de la Peña, no he podido evitar entristecerme por la retirada de una eterna promesa, sobretodo me ha conmovido las lágrimas manando de sus ojos, que cerraba una etapa importante en su vida.

“Lo pelat” se formó en la Masía y era la joven promesa que todo el mundo pensaba que se igualaría a la que había salido un año antes en el Real Madrid, Raúl. Era el año 1995 y comenzaba el declive de la época de Cruyff en el banquillo culé. Con él llegaban al primer equipo varios compañeros como Roger, Celades, Rufete y Moreno entre otros, a esa generación el entorno blaugrana la bautizó como “La quinta del mini”.

Todavía recuerdo esos primeros años en el que tuvo un rol importante, todo los aficionados al fútbol pensábamos en su futuro como crack y la gran carrera que se le esperaba liderando al Barça. Pero el salto de calidad nunca llegaba, unas veces las lesiones y otras las desconfianza de sus técnicos le impedían desarrollarse como jugador y dejar de ser esa eterna promesa.

El fútbol italiano le llamó a filas, la Lazio pagó 2.500 millones de las antiguas pesetas(15 millones de euros) por su fichaje y los tiffosis laciales lo recibieron como el crack que necesitaban. Comenzó siendo titular y Eriksson contaba con él, pero nuevamente una lesión le apartaba del once titular y poco a poco fue perdiendo la confianza del sueco.

Durante esas dos temporadas tuvo dos cesiones, intentando que diera el eternamente esperado salto de calidad para convertirse en crack. En el Olympique de Marsella nuevamente fracaso y la temporada siguiente el Barça lo repescó como regreso del hijo prodigo y echar un tupido velo por la marcha de Luis Figo al eterno rival. En el Nou Camp fracasó nuevamente y se esperaba que fuera el fin del jugador como jugador de élite, pero se desvinculó del Lazio y fichó por el Espanyol hasta final de temporada.

Allí sí, con la elástica del “eterno” rival se soltó el pelo y colaboró con la permanencia de los pericos en Primera división, los grandes equipos volvieron a fijarse en él y ese verano fue extraño. Nadie daba lo que pedía su representante, recuerdo que comenzó la temporada y De la Peña se entrenaba en solitario, pero nuevamente llamaba a su puerta el Espanyol.

Desde ese momento se convirtió en un icono para su afición. Era el motor de un equipo que se salvaba in-extremis, ganaba una Copa del Rey, regresando a Europa y llegando a la final de la Copa de la UEFA. Las lesiones musculares aparecían pero volvía con más fuerza al once titular. Incluso gracias a ese gran momento cumplió uno de sus sueños, ser seleccionado con la absoluta y jugar hasta cinco veces con la selección.

Estas dos últimas temporadas han sido un calvario de lesiones musculares, tan sólo ha disputado cinco partidos con la blanquiazul y la afición españolista sabía que se aproximaba el final de su carrera. Pero no por esperado ha sido menos desilusionante, el anuncio de su marcha y las lágrimas que brotaban de sus ojos era un signo de la impotencia de querer y no poder.

Hasta siempre, pequeño Buda.