Los aficionados que hayan seguido al Oporto esta temporada, sabían que era una misión casi imposible el remontarle un 5-1. Hubiera sido una heroicidad golear a uno de los equipos que mejor en forma están en toda Europa, con un tridente goleador que se está haciendo un nombre a base de goles y una temporada para enmarcar para los blanquiazules.

No hay nada que reprochar al Villarreal, lo intentó desde el primer minuto en quince minutos a tumba abierta para lograr abrir la lata y asustar a su rival. Y lo logró en el minuto 16 por medio de Cani, un tanto para la esperanza y para que el Madrigal se volcara más con los suyos. Después imprecisión en el último pase que impedía hacer un segundo gol y ver con optimismo los últimos cuarenta y cinco minutos.

El silencio se hizo a falta de cinco minutos para el descanso, Hulk en un contragolpe anotaba con la ayuda involuntaria de Musacchio que desvió el balón del alcance de Diego López. El estadio enmudeció, en ese momento aficionados y jugadores supieron que el submarino hacia aguas, hundiéndose sin remedio a la eliminación.

La brecha en el casco del submarino amarillo se hizo más grande con el gol de Falcao al inicio de la reanudación. En ese momento el Villarreal se fue del partido, pero tuvo las condiciones de sacar la dignidad, profesionalidad y casta para buscar la victoria y en cinco minutos, los que van desde el setenta y cinco al ochenta, daban la vuelta al marcador por medio de Marchena y Rossi desde los once metros.

En los compases finales, la parroquia amarilla coreo el nombre de su equipo y lo despidió como lo merecía después de una gran Europa league, lástima que no pudiera ir a Dublín, pero ahora Garrido debe recuperar a los suyos para certificar definitivamente la Liga de Campeones para el curso que viene.

El rival de los hombres de Villas-Boas será el Sporting de Braga, el gol de Custodio a los dieciocho minutos le daba el billete a Dublín al modesto equipo portugués.