En la avenida de las Cortes Valencianas de la ciudad del Turia se alza un gigantesco esqueleto, la base de un estadio que debería estar ya en pleno funcionamiento y que debido a la crisis económica que padece el Valencia C. F. lleva veintiocho meses con las obras paralizadas,esperando una inyección económica de los “ches” para volver a retomar un proyecto ilusionante y que dejaría atrás el vetusto Mestalla.

La época de Juan Soler al frente del equipo valenciano fue un desastre total en la parcela económica, en el momento que se paralizaron las obras la deuda ascendía a 550 millones de euros, al no poder hacer frente la entidad al pago a las constructoras se decidió hacer un pausa en las obras, pero sin fecha de reanudación.

La solución parecía la entrada de un inversor en el proyecto, pero el Valencia quiere explotar en exclusiva el nuevo estadio y todos los locales comerciales que tendrá, siendo esta otra fuente de ingresos para la maltrecha economía del club. La hoja de ruta de Manuel Llorente cuando llegó a la presidencia era conseguir reducir la deuda, algo que ha logrado con la venta de jugadores como Silva y Villa, pero no lo suficiente como para haber reanudado las obras.

Después de varias fechas para que los obreros volvieran a trabajar en el Nuevo Mestalla y ante la incredulidad de la afición parece que en el primer trimestre del próximo año. La hinchada se pregunta sí ahora será la definitiva, el viejo Mestalla se ha quedado pequeño para un Valencia que volverá a jugar en Europa la presente campaña y quiere seguir creciendo entre los grandes del viejo continente.

Lo que existe en estos momentos es un esqueleto, un monumento a la especulación y a la mala gestión de unos dirigentes que se metieron en un embolado en el que no se ha podido salir todavía, pero eso sí, en ruinas. En el día de hoy, la entidad ha dado un comunicado oficial en el que indican que harán todo lo posible para llevar a su finalización el proyecto, para que la ciudad pueda tener un recinto deportivo de altísimo nivel.